jueves, 24 de diciembre de 2009

Japón y la alternancia

A mediados de los años 90, cuando todavía en México prevalecía el reinado priista, los japoneses se preguntaban por la idiosincrasia del partido que en México tenía casi las siete décadas en el poder. Cómo es que un solo partido, el PRI, había logrado mantener las riendas del país por tantos años, en muchos de los cuales había consolidado la economía —recuérdese la gloriosa época del desarrollo estabilizador, donde se había crecido a tasas de PIB alrededor del 6 por ciento, y el relativo sorteo de las crisis posteriores de los 80 y 90—, y conservaba una relativa estabilidad política, sabiendo canalizar el descontento (cruenta represión, de por medio, de los movimientos sociales de los años 60, los 70 y los 80, y el asesinato de los líderes de la guerrilla, y las persecuciones, etcétera) de los opositores; es decir a medias.
Esa, sin embargo, era una pregunta importante para los amigos del Japón. Y es que ellos tenían a su Partido Liberal Democrático (PLD) brincando las cuatro décadas de controlar el poder político (había ganado consecutivamente cada cuatro años desde 1955). Y, obviamente, a los políticos nipones les interesaba estudiar el caso del PRI mexicano para descubrir los tejes y manejes del partido y de sus políticos. Y con ello, seguir con la reproducción del sistema político y de control social. No así con una economía que por su importancia, como tal se desempeña como la segunda en importancia después de la de Estados Unidos.
En este renglón, durante más de una década, desde principios de los años 90, los japoneses han padecido una crisis no superable fácilmente. Con tasa 0 de crecimiento durante varios años, han padecido ese fenómeno propio de ellos de la llamada deflación, una baja generalizada de los precios de los bienes y servicios de su economía. Como la inflación pero al revés y de mayores peligros para los empresarios, los comerciantes y consumidores en general. Y sin crecimiento, particularmente de las exportaciones por varios años.
Y lo que le quita el sueño a los nipones es la economía china, que en este 2010 podrá convertirse en la segunda a nivel mundial y quitarle el rating a Japón. Ese es el miedo de los japoneses. Y tal vez se cumpla, porque la economía de los chinos es pujante, pese a los tropiezos de 2008-2009, sigue con tasas elevadas de crecimiento en tanto otras, como la propia economía de los EU, está padeciendo un estancamiento profundo.
Pero los japoneses se cansaron (como se cansaron los mexicanos del PRI en el 2000) de su PLD, y apenas el pasado 30 de agosto lo echaron por la borda después de 55 años de enquiste en el poder. Sí, los votantes le dieron el triunfo al Partido Democrático de Japón (PDJ) cuyo candidato, Yukio Hatoyama —un rico heredero de abolengo como los Kennedy en EU— arrebató al PLD la hegemonía del poder en el Estado del Japón, y el gobierno al hasta ahora primer ministro Taro Aso. Para ellos, y para el mundo también, ese fue un triunfo histórico porque cayó el último partido que subsistía desde la segunda posguerra.
Yukio Hatoyama, un hombre de 62 años, gobernará con la mayoría absoluta de la Cámara de Representantes, tras obtener 308 de escaños, frente a los 119 de su antecesor. El control del senado era un hecho, desde las elecciones realizadas en 2007, donde arrebataron la mayoría a la derecha.
Ahora la tarea del nuevo primer ministro será la de retomar el crecimiento de la economía; un reto grande que le dará, no obstante a los japoneses, la opción de demostrarle a la derecha que se puede lograr mucho con medidas correctivas, distintas a las aplicadas por los opositores de la derecha nipona. Esa derecha de la cual estaban cansados los japoneses, tanto como los mexicanos en su momento de la hegemonía del mismo PRI que duraría 71 años en el poder. En Japón el PLD apenas tenía 55, pero con eso bastó para el hartazgo.
Hatoyama lo describió así: fue el enfado del pueblo japonés, contra el gobierno, y el triunfo fue el fruto del deseo del pueblo de cambiar la política en ese país, más hacia alternativas de centro izquierda. Ahora le toca al nuevo primer ministro cumplir las promesas, como aquello de su programa reformista y populista. Donde propone reducir la burocracia, congelar los impuestos, otorgar ayudas directas a los trabajadores y tener una relación de iguales frente a los EU. Por cierto a Obama le agradó el triunfo, pero a la derecha no. Pero el mayor, tiene que ver con sacar al país de la postración y afrontar el reto que tiene directamente el Japón con la economía china enfrente, pujante y con la intención de alcanzar ese segundo lugar en la economía mundial.
Las elevadas tasas de desempleo se tienen que afrontar de inmediato y el tema de las pensiones, porque la población laboral es cada vez menor a la que requiere seguir disfrutando de una pensión. El tema social, el más castigado por los nipones, es el que arremetió en contra del PLD, de Taro Aso y llevó a Yukio Hatomaya al poder. Faltan los resultados para los siguientes cuatro años. Se acabaron las hegemonías partidistas del siglo XX. Luego vendrán las alternancias, en Japón, en México.

6/septiembre/2009.

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